THE SUICIDE SONG

¡Buenas tardes amantes de lo asiático!

Una clase alborotada, un montón de estudiantes que no atienden al profesor. No hay educación, no hay disciplina, no hay respeto, los jóvenes se creen con el derecho de no seguir un orden y los primeros minutos son un caos de palabras y comportamientos. Así comienza The suicide song, la secuela (aunque no oficial) de una de las películas más recordadas del j-horror japonés, The suicide club. Con una premisa muy parecida a la de su antecesora (de la cual hablaré otro día), nos disponemos a adentrarnos en esta historia con una maldición desconocida que parece dar escarmiento a los más atrevidos.

Sin duda, la época dorada del j-horror dio muchas películas que aún hoy en día recordamos con mucho cariño. The suicide song forma parte de la hornada posterior a toda aquella época, y siendo una de las últimas buenas películas dentro del subgénero. Aunque a estas alturas descubrir algo del j-horror ya es prácticamente imposible, siempre viene bien recordar aquello que nos hizo tener más de un susto en nuestras casas. The suicide song no es la más brillante de esas películas y puede que tampoco sea la más espectacular, pero tiene todos los elementos que encumbraron a sus predecesoras. La nostalgia es inevitable.


THE SUICIDE SONG




Un grupo de estudiantes de instituto descubrirán, con la ayuda del editor de una revista de fenómenos paranormales, que la maldición que pesa sobre la canción “Boku no Hana“, interpretada por una ídolo que murió al poco de cantarla, puede ser algo más que una leyenda urbana, ya que quienes se han atrevido a cantarla han acabado suicidándose. Llevando la investigación codo con codo entre estas colegialas y los miembros de la revista, The suicide song vuelve a traernos una historia con una maldición temible que pretende acabar con todo aquel que se cruce en su camino. Un buen largometraje para poder adentrarse en el j-horror de hace unos años.

La historia puede no ser muy innovadora y hasta lenta en según que puntos del metraje, pero si algo tiene esta película es un aroma a retro que no se lo quita nadie. Gracias a ese aura nostálgica que percibimos en cada uno de sus planos y escenas, será muy fácil sentirse atraído e incluso absorbido por su atmósfera. No será mejor que otras de su misma índole, pero hay que reconocerle que hace las cosas bien. No intenta destacar, y gracias a esa humildad consigue crear ese mal rollo que tan bien saben recrear los japoneses. Aunque muchos de nosotros ya estemos curados de espanto, siempre gozamos viendo una película del género.




Sabiendo pues que la película que estamos abordando tiene bien claras sus intenciones y objetivos, solo queda disfrutar de algunas cosas que nunca fallan en Japón. Me refiero pues, a las colegialas, unos personajes que siempre andan alrededor de cualquier historia del país del sol naciente y más si es de terror. Hay como un cierto fetiche por lo joven, por lo puro, por lo inocente, así que es fácil que el director o guionistas de cualquier película quieran meter entre sus filas a actrices que representen estos papeles, pues las ventas y la audiencia crecen exponencialmente por cada cara bonita que el público vea en pantalla. Suena a un hecho bastante enfermo, pero es que es una sociedad enferma, por mucho que queramos ser correctos. La superficialidad manda.

Otro de esos elementos que no pueden faltar es el seguido de escenas oscuras que transcurren de noche (casi siempre) en este tipo de producciones, para así facilitar el susto fácil o la tensión. La fotografía no suele ser un elemento muy destacable en estas producciones, ya que cuanto más bajo es el presupuesto mejor es la representación de lo urbano y lo mundano. Lo que se pretende casi siempre es dotar a estas historias de un realismo o de una casposidad natural para que el público se sienta más próximo. Parece raro visto así, pero daros cuenta que los falsos documentales nunca brillan por su fotografía, por ejemplo, y sí por su ambientación casi opresiva. Así pues, no os preocupéis si alguna vez tenéis que forzar la vista, es normal.




Y como no, otro de los elementos que nunca fallan es el de los fantasmas representados como niñas o adolescentes de pelo largo y negro como el azabache. Es verdad, que en esta The suicide song no es muy recurrente e incluso los vemos en ocasiones contadas, pero aún así aparecen. Parece casi obligatorio en Japón meter este tipo de fantasmas en cualquier película de terror (hasta el punto de ya no crear ningún miedo, pasando a ser casi un meme). Una costumbre que a día de hoy, 2018, muchas películas siguen teniendo. No es original, lo sé, pero no me digáis que no estamos siempre esperando esa aparición tras cualquier esquina, está claro que lo hacemos por instinto.

Hay que comentar sobre el final de la película que es entre trágico y fantástico, pues llega un momento en la trama en el que se abandona cualquier tipo de realismo para comenzar a meternos entre pecho y espalda una especie de mini musical que puede desencantar a los más fans de estas películas. Debo decir que para mí esto es lo más flojo de todo el conjunto y hace que se alargue el metraje en demasía, jugando en su contra en los compases finales. Aún así, la cinta aguanta bastante bien el envite y solo recae en ese momento. A veces se nota demasiado que la falta de ideas al abrir demasiados interrogantes previos pasa factura a los guionistas. Ejemplo claro el de aquí.




Del reparto también podemos extraer ciertas caras conocidas como la de Hiroshi Abe, un actor que siempre ha estado muy solicitado por su buen hacer. Recordémoslo por Thermae Romae, Still Walking o Forbidden Siren entre muchas otras; ya que nos podríamos remontar hasta la década de los 80 para ver sus orígenes. Este año también prepara su regreso con The crimes that bind, un thriller de gran calibre que esperamos con ansia. El reparto se completa con la presencia de Yusuke Iseya (Jojo's Bizarre Adventure, Kenshin, 13 asesinos), Yoshino Kimura (Confessions, A ciegas) y Sayaka Akimoto (Tokyo Slaves, Ultraman Saga).

El director, Masato Harada, prolífico donde los haya, sigue en activo actualmente. Su última película, Criminal for the prosecution se estrena este año y no parece que vaya a parar ahí. Recordamos a este hombre por ser el responsable de otras producciones como Sekigahara, Inugami,  Kamikaze Taxi o Out of focus (esta última de la década de los 80). Ninguna de esas películas os sonará, pues no es un hombre que esté en primera línea del país, pero sin duda nos sirve para ver lo mucho que nos falta por descubrir el profundo pozo de cine que nos llega desde allí. El cine japonés sigue teniendo mucho que darnos, aunque sea des de el pasado, así que no os despistéis.




Conclusión: The suicide song es uno de los últimos baluartes de la exitosa lista de buenos largometrajes que pudimos ver hace ya más de una década dentro del j-horror. Ni mejor ni peor que sus predecesoras, esta película consiguió mantener el nivel y los elementos necesarios para trasladarnos a aquella época dorada del terror japonés. Una secuela no oficial que no defrauda.


FRAGMENTO DE THE SUICIDE SONG:




FICHA TÉCNICA DE THE SUICIDE SONG:

 Título original: Densen uta (The suicide song)
País: Japón
Año: 2007
Duración: 128 min.
Director: Masato Harada
Reparto: Hiroshi Abe, Sayaka Akimo, Yusuke Iseya, Tomomi, Kasai
Género: Terror / J-Horror
Nota: 6/10


Twitter: @myasianmadness


¡Hasta pronto y a ver mucho cine asiático!


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